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Club Jorge Newbery: Pasión y Tradición Deportiva

Fundado el 5 de mayo de 1945 en Villa Mercedes, San Luis, el Club Jorge Newbery es una institución deportiva emblemática de la región. Originalmente conocido como Club Atlético Base Aérea, adoptó su nombre actual en honor a Jorge Newbery, pionero de la aeronáutica argentina.

Con 20 títulos en la Liga Mercedina de Fútbol, es el club más laureado de la ciudad y ha participado en torneos nacionales organizados por la AFA, como el Torneo Regional Federal Amateur y la Copa Argentina. Entre sus talentos más destacados se encuentra Juan Gilberto Funes, quien inició su carrera en el club antes de alcanzar reconocimiento internacional.

Además del fútbol, el club promueve diversas disciplinas como básquet, patín, natación, tenis y taekwondo, consolidándose como un pilar del deporte local. Su estadio, Osvaldo Centioni, ubicado en Buenos Aires y Suipacha, tiene una capacidad para 7.500 espectadores.

Desde hace más de ocho años, el club ha implementado un plan de mejora continua basado en tres fases:

1. Optimización de sus capacidades actuales.
2. Ampliación, mejora y diversificación de instalaciones y edificios.
3. Mejora de la experiencia de socios y personal.

Con este crecimiento, aspira a superar los 10.000 socios, reafirmando su compromiso con el desarrollo del deporte y la comunidad.

Y más allá del deporte, el club también se hizo escuela. Porque este club siempre entendió que su grandeza no podía medirse únicamente en títulos, victorias o hazañas deportivas. Desde 1984, dirigentes visionarios plantaron una semilla que floreció el 5 de mayo de 2018 con la inauguración de la Escuela Generativa Club Jorge Newbery.

Desde entonces, el club es dos cosas que laten al unísono: por un lado, la pasión de las canchas, la pileta, el básquet, el tenis y el fútbol; por el otro, el silencio atento de las aulas, los cuadernos, los útiles y los sueños que crecen día a día. Deporte y escuela no son dos almas separadas, sino las dos mitades de una misma institución. Una se forja con esfuerzo físico y trabajo en equipo; la otra, con conocimiento, contención y futuro.

Juntas, convierten al club en una casa de puertas abiertas donde se forman tanto campeones como ciudadanos. Hoy, con 390 alumnos, la escuela es el corazón que late fuerte en el cuerpo del club: un faro de inclusión que resistió pandemias y desafíos. Porque en el Barrio Pringles, ser aurinegro también es llevar una mochila con útiles y sueños, y porque este club demostró que su obra social más perdurable no se mide en goles, sino en futuros construidos día a día.

Deporte y educación: una sola institución, un solo orgullo, un solo futuro.